• Right to Democracy es una organización sin fines de lucro que está construyendo un movimiento para confrontar y desmantelar el marco colonial antidemocrático que afecta a más de 10 millones de personas: 3.6 millones en los territorios de EE. UU. y más de 6 millones en la diáspora. Creemos que las personas en los territorios de EE. UU. deben tener poder y agencia sobre las decisiones que impactan sus vidas.  Abordamos nuestro trabajo a través de los valores compartidos de construir terreno común, respetar las diferencias, impulsar el cambio, mantener el enfoque y evitar la toxicidad. Junto con una diversa Coalición cross-territorial, utilizamos la abogacía participativa, el cambio de narrativa y cultural, y la construcción de ecosistemas para promover la democracia, la equidad y la libre determinación en los territorios de EE. UU. Trabajamos a través de las divisiones partidistas e ideológicas tradicionales y no tomamos una postura sobre las opciones de estatus, pero creemos que ha llegado el momento: el dominio colonial de EE. UU. es real, es injusto y debe terminar ya.

  • No, Right to Democracy no favorece ninguna opción de estatus en particular, más allá de rechazar el marco colonial antidemocrático a través del cual Estados Unidos gobierna a los territorios.  Somos cuidadosos en no favorecer ninguna opción de estatus con nuestro trabajo. Nuestra creencia fundamental es que la decisión sobre el futuro político de cada territorio le corresponde a la gente de cada territorio. 

  • Right to Democracy y la Coalición cross-territorial que coordinamos incluye a personas y organizaciones cuyas opiniones sobre el estatus político abarcan todo el espectro, desde el apoyo a la estadidad hasta el apoyo a la independencia y otras opciones intermedias.  Aunque somos una organización exclusivamente no partidista, nuestro trabajo agrupa a personas que se identifican tanto como demócratas como republicanos e incluye a integrantes de los principales partidos políticos de Puerto Rico. El hecho de que jueces de la Corte Suprema con puntos de vista tan diferentes como Neil Gorsuch y Sonia Sotomayor rechacen el marco colonial a través del cual  Estados Unidos gobierna a los territorios, demuestra que estos asuntos trascienden divisiones partidistas e ideológicas.  

    Trabajamos a través de las diferencias partidistas y de estatus por dos razones. En primer lugar, nuestros valores fundamentales incluyen construir un terreno común, respetar las diferencias y evitar la toxicidad. Esto significa trabajar colectivamente con personas de diversas perspectivas para mejorar la comprensión, co-crear nuevos significados y aprovechar el poder colectivo para lograr objetivos comunes. También significa escuchar con la mente abierta, empatizar con diferentes experiencias de vida, reconocer las dinámicas de poder y tratar a todos con dignidad. En segundo lugar, una lección clave que hemos aprendido a lo largo de docenas de diálogos comunitarios con personas de cada uno de los cinco territorios es que hay mucho más que nos une de lo que nos separa. Las divisiones internas sobre el estatus político o la ideología partidista se han utilizado históricamente como una excusa para la inacción continua del gobierno federal respecto a la democracia y libre determinación en los territorios. Creemos que se puede diferir respetuosamente sobre las soluciones mientras se comparte una comprensión profunda del problema y sobre la necesidad de cambio. Desde esta base común, podemos avanzar juntos–en solidaridad y comunidad–hacia un reconocimiento de que el colonialismo estadounidense es real, es injusto y tiene que terminar ahora.

     

  • El marco colonial antidemocrático que rige a las personas en los territorios de EE. UU. fue establecido por las tres ramas del gobierno federal después de la Guerra Hispanoamericana-Cubana y, hasta el día de hoy, continúa en vigor. Se basa en la idea de que Estados Unidos tiene el poder de gobernar unilateralmente a la gente de los territorios sin su consentimiento. El juez Neil Gorsuch ha denominado esta relación como “colonialismo estadounidense”. Su fundamento legal son los Casos Insulares, una serie de decisiones controversiales de la Corte Suprema que la jueza Sonia Sotomayor ha calificado de “odiosas e incorrectas”, y que el juez Gorsuch ha declarado que “no merecen un lugar en nuestro derecho” porque “no tienen fundamento en la Constitución y se basan en estereotipos raciales”. Este marco colonial también se caracteriza por la doctrina del “poder plenario”, mediante la cual la Corte Suprema de EE. UU. ha descrito el poder del Congreso sobre los territorios como “absoluto e indiscutible”.  El juez Gorsuch, al que se unió el juez Clarence Thomas, recientemente cuestionó esta doctrina, explicando que “la Cláusula [Territorial], correctamente entendida”, no “dota al gobierno federal de poder plenario ni siquiera dentro de los Territorios mismos”.

    Basado en estas doctrinas legales, el gobierno federal se atribuye un poder plenario para gobernar cada aspecto de la vida en los territorios, incluyendo el poder de ignorar la voluntad de las personas y sus llamados a la democracia, la equidad y la libre determinación. Right to Democracy cree que es importante impugnar tanto los Casos Insulares como la doctrina del poder plenario para confrontar y desmantelar el marco colonial antidemocrático.

  • Creemos que para poner fin al dominio colonial de EE. UU. sobre la gente en los territorios, es importante participar tanto a nivel local como internacional. La privación de derechos políticos, la falta de paridad de beneficios federales y el trato desigual en muchos programas federales son injusticias de derechos civiles que ninguna comunidad en los Estados Unidos debería tener que aceptar. Al mismo tiempo, la negación continua de la libre determinación y los derechos indígenas a la gente en los territorios de EE. UU. viola principios fundamentales del derecho internacional, incluidos tratados internacionales como la Carta de las Naciones Unidas que Estados Unidos ha firmado y ratificado. Tanto el derecho estadounidense como el internacional también se basan en una preocupación compartida por los derechos “fundamentales” o “naturales”, o como los explica la Declaración de Independencia de EE. UU., la idea de “derechos inalienables”, el “consentimiento de los gobernados” y de que “todos son creados iguales”.  Right to Democracy aborda su trabajo con la creencia de que la abogacía–para  confrontar y desmantelar el marco antidemocrático que rige los territorios de EE. UU.–es más poderosa y efectiva cuando se aprovecha tanto del derecho estadounidense como el internacional.